¿Cuánto tiempo hay que esperar para tocar en Rock al Parque?

Rock al Parque es un sueño. Pero, para muchos músicos, es un sueño que toma tiempo.

Cada año, cuando se anuncia el cartel del festival, aparecen las mismas preguntas: ¿quiénes están?, ¿quiénes faltan?, ¿son bandas nuevas o bandas consolidadas?, ¿qué está pasando con el rock de Bogotá?

Pero quizás esta edición merece ser mirada desde otro lugar.

Si se observa el cartel distrital desde la perspectiva de la trayectoria, aparece una característica difícil de ignorar: buena parte de los proyectos seleccionados lleva muchos años construyendo su carrera.

No Dependiente y Elsa Riveros superan los 25 años de trayectoria. Lutter, Solegnium y StayWay llegan a las dos décadas. V for Volume, Alto Grado y Maskhera llevan más de 15 años.

Y después aparece otra generación que tampoco es precisamente nueva: Boca de Serpiente, Lo Mismo Decían de Juana, Ataque de Pánico, Lika Nova, Vein y La Brigada RPF tienen entre 10 y 14 años de recorrido.

Es decir: para una parte importante de las bandas bogotanas que estarán en Rock al Parque, este escenario no llega al comienzo de su historia.

Llega después de años de trabajo.

Años de ensayos, conciertos en bares, festivales pequeños, viajes, grabaciones, cambios de integrantes, discos independientes, giras, errores, aprendizajes y, sobre todo, de seguir tocando.

La carrera de una banda no empieza cuando aparece en el cartel

Hay otro detalle interesante.

Algunos de los proyectos más jóvenes del cartel tienen detrás músicos con historias mucho más largas.

Brina Quoya, con nueve años de trayectoria, cuenta con músicos que ya habían pasado por proyectos como Schutmat Trío. Laura Pérez y Pez Errante reúnen también experiencias anteriores, mientras que en Valore encontramos músicos como Ricardo y Patricio, con recorrido previo en Stichitch Project.

Esto plantea una pregunta interesante sobre cómo medimos la trayectoria de un artista.

¿Empieza cuando se crea la banda?

¿Cuando se publica el primer disco?

¿Cuando se lanza el primer sencillo?

¿O empieza mucho antes, cuando ese músico decide dedicar su vida a tocar?

Porque en el rock, la experiencia rara vez desaparece. Se acumula.

Un músico puede cambiar de banda, de género, de nombre o de proyecto, pero todo lo aprendido en los escenarios anteriores termina haciendo parte de la siguiente historia.

¿Y qué pasa con los nuevos?

Quizás la excepción más evidente dentro de este grupo es Casi, el proyecto de Juan Antonio Carulla, quien comenzó su carrera en 2021 y llega a esta edición con alrededor de cinco años de trayectoria.

Y eso también es importante.

Porque el mensaje no debería ser que para tocar en Rock al Parque hay que esperar 20 años.

No existe una fórmula única.

Un proyecto puede construir una carrera durante décadas y finalmente llegar al festival. Otro puede hacerlo en menos tiempo. Un músico puede llegar con una banda nueva después de haber recorrido otros escenarios. Y otro puede sorprender con una propuesta que encuentra rápidamente su lugar.

El punto es otro.

El sueño toma tiempo

En una época en la que una canción puede publicarse hoy y desaparecer del algoritmo mañana, resulta interesante encontrarse con un cartel donde tantas bandas llevan 10, 15, 20 o incluso más de 25 años insistiendo.

Eso dice algo sobre la escena.

Dice que en Bogotá hay proyectos que han entendido el rock como una carrera de largo aliento.

Y también dice algo sobre Rock al Parque.

Porque la importancia de esta tarima no está solamente en la cantidad de personas que caben frente al escenario. Está en lo que significa para un músico que lleva años intentando llegar hasta allí.

Para algunos será el comienzo.

Para otros, una oportunidad de crecimiento.

Y para muchos, probablemente sea la consecuencia de una historia que comenzó hace mucho tiempo.

Quizás por eso vale la pena mirar este cartel más allá de los nombres.

Detrás de cada banda hay una cantidad de años que no se ven en un afiche.

Hay canciones que nadie escuchó.

Conciertos a los que fueron pocas personas.

Discos que se hicieron con recursos propios.

Carreteras.

Ensayos.

Bares.

Festivales.

Y muchas veces, la decisión de seguir cuando dejarlo parecía más fácil.

Por eso Rock al Parque es un sueño.

Pero para una buena parte de las bandas que estarán este año en su tarima, es un sueño que tomó tiempo.

Y quizá esa sea una de las historias más interesantes que cuenta este cartel.

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